¿Te atreves a hacer cambios en tu empresa?

Desde hace unos años, los mercados se han caracterizado por una evolución constante que requiere que las empresas estén abiertas para lograr captar las exigencias de sus consumidores y garantizar su satisfacción. Surge la necesidad de que tanto la organización como el conjunto de trabajadores y trabajadoras entiendan la necesidad de aplicar mejoras y dirijan sus esfuerzos hacia su consecución.

Aunque seamos conscientes de las transformaciones en los modelos productivos, en la tecnología e incluso en los modelos sociales, en ocasiones las empresas siguen manteniendo cargas estructurales, dogmas tradicionales y culturas que impiden la mejora.

No se trata solamente de adaptarse, hacer reingeniería, realinear responsabilidades o implicar a trabajadoras, trabajadores y directivos en el proceso. Si no que es necesario mantener las modificaciones en el tiempo mientras nos mantenemos abiertos y flexibles ante nuevos posibles cambios que sean necesarios y para ello se hace necesario conseguir la participación de todas las personas implicadas.

Los trabajadores y trabajadoras son el motor productivo de la empresa. Las mejoras precisan que estos sean partícipes y, para ello, necesitan ser conscientes de cuáles son sus rutinas productivas, de cómo se comportan en su trabajo para poder introducir modificaciones que les permitan avanzar. Al gestionar el cambio hay que entender que para que las personas se comprometan no pueden ser arrolladas por las innovaciones, sino que el cambio se produce suave y paulatinamente.

Para poder a las personas implicadas como parte del proceso de cambio hace falta conocer sus valores, sus opiniones, sus comportamientos… y que éstos se alineen con los intereses de la empresa. Para ello es esencial contar con una comunicación efectiva y con datos que les permitan ser conscientes de sus patrones de conducta en el trabajo.

El modelo de trabajo puede ser modificado con nuevos procedimientos y métodos que permitan mejorar la productividad y la eficiencia de la organización. Tanto las transformaciones en las formas de hacer las cosas, como la planificación o la redistribución de los empleados pueden ayudar en este sentido.

Modificar el modelo estructural de la empresa puede ser una innovación necesaria para adaptarse al contexto competitivo en el que se mueve la misma, para lograr atraer mejores profesionales y para apostar por la corresponsabilidad y la autonomía de cada una de las trabajadoras y trabajadores. Estructuras y modelos de liderazgo donde cada persona asuma la responsabilidad sobre sus tareas y cuente con el apoyo de sus superiores pueden mejorar potencialmente la eficiencia de la empresa.